20/2/12

Luis Figueroa, Gorbea

29/1/12

Recuento teatral 2011, El Mercurio

Recuento teatral 2011, diario La Hora

El teatro estuvo de fiesta en 2011
Buenas obras nacionales e internacionales y el avance del musical marcan la temporada que termina.

Por Marietta Santi, diario La Hora, 30 de diciembre 2011.

Una cartelera nutrida y de calidad es la que disfrutamos en la temporada 2011. Estrenos nacionales y una buena presencia internacional, gracias a Santiago a Mil y al Teatro Nescafé de las Artes, además del renacer del musical chileno con obras como Cabaret y La Tirana.

En lo nacional, lo que más destacó fueron las relecturas de clásicos. La Señorita Julia, de Strindberg, que Cristián Plana dirigió con profundidad y precisión. La Violación de Lucrecia, mirada de Patricio Pimienta para el poema homónimo de Shakespeare, interesante e intenso trabajo que revive el verso del bate. Orgía, actual revisión de la pieza de Pasolini de parte de Cristián Marambio, que convirtió el escenario en una instalación. E Interior, impecable dirección de Rodrigo Pérez para el texto de Maurice Maeterlinck, que agudizo las tensiones entre el afuera y el adentro, el cuerpo y la palabra.

Entre las puestas en escena de autores contemporáneos brilló La Muerte y la Doncella en la versión de Moira Miller, acertada y bien actuada propuesta; Las Heridas del Viento, con Luis Gnecco y Paulo Brunetti bajo la dirección de Óscar Barney Finn, drama escenificado con contención; y Art, en la versión de Edgardo Bruna, quien ofrece una chispeante y actual comedia en la piel de Andrés Velasco, Nicolás Saavedra y Juan Pablo Sáez. A ellos se suma Intentar no construir-lo, versión teatral para la novela Abahn, Sabana, David, de Marguerite Duras, en un puesta donde lo espacial es gravitante. Dirigió Ignacio García.

Hay que mencionar también La Mantis Religiosa, de Alejandro Sieveking, y Háblame de Laura, de Egon Wolff, serios trabajo en torno a dramaturgos nacionales. Y la impresionante y aplaudida versión de Mariana Muñoz para Amores de Cantina, de Juan Radrigán; y Villa + Discurso, escrita y dirigida por Guillermo Calderón.

De lo emergente destaca Casa Vacía, de Teatro Híbrido. Con música en vivo y sin palabras, a través del teatro gestual, los jóvenes intérpretes escenifican la película coreana Hierro 3. Delicada puesta en escena.

Sólida estuvo la presencia internacional. Partió el año con Santiago a Mil y estupendas obras como Purificados, del polaco Krzysztof Warlikowski; Protegerse del Futuro, del Suizo Cristoph Marthaler; y Othelo, de la compañía lituana Menos Fortas. A ellas se suma El Viento en un Violín, del argentino Claudio Tolcachir. A mediados de año, Santiago Mil continuó con las visitas de excelencia, con Hamlet, de Ostermaier, y La Familia Argentina, de Cristina Banegas.

El Nescafé de las Artes trajo a Norma Aleandro y su unipersonal que es una clase de actuación, además de lo mejor de la calle Corrientes del vecino país.

Cabaret, donde Francisco Medina impresionó como el presentador, y La Leyenda de la Tirana, cuidada pieza sobre la leyenda nortina, muestran que estamos avanzado en materia de musicales.

Entrevista a Camila Aguirre

Camila Aguirre: “En esta obra hay un lenguaje no verbal puesto en escena más que un teatro físico
Escrito por Pablo Moreira , jueves 15 de Diciembre de 2011 00:53
La directora del montaje “Casa Vacía”, pieza basada en la reconocida película coreana “Hierro 3”,  se presenta hasta este domingo en el Museo de Arte Contemporáneo. La historia, que relata la vida de un individuo que entra a las casas donde sin dueño, muestra un lenguaje especial: el del silencio.

En 2004, el director y poeta coreano Kim Ki-duk dejó a la industria cinematográfica con la boca abierta al presentar su filme “Hierro 3”. Es que la historia de un joven motociclista que se dedicaba a pegar papeles en las puertas de las casas, para volver minutos más tarde y meterse en las que aún continuaban con  el afiche pegado, marcaría una nueva forma de hacer cine.

Es en este contexto que la compañía Teatro Híbrido, proveniente de la Escuela de La Mancha y compuesta por los actores Camila Aguirre, María José Jaureguiberry, Felipe Bañados, Verónica Vargas, Nicolás Valiente y el bailarín Magnus Rasmussen, aceptaría un desafío poco convencional en el teatro: hacer una obra sin texto.
Para profundizar en lo que significa realizar una obra teatral usando el silencio como lenguaje,  Santi.cl conversó con la directora de la obra Camila Aguirre.

-Camila ¿Por qué decidieron llevar  el filme “Hierro 3” a las tablas?
- Con el director de la compañía, Nicolás Valiente, somos bien cinéfilos. Vemos mucho cine, nos gusta, lo comentamos y hay ciertas películas que nos han marcado. Dentro de ésas está “Hierro 3” y la teníamos en carpeta desde el año 2005. Al verla dijimos “esta película es muy buena, algún día hagamos algo con ella”.

-¿Y qué te llamó más la atención del filme?
- El silencio de los protagonistas. Estos dos seres que se comunican a través de miradas, de gestos. No hay necesidad de abrir la boca para decir algo, porque todo está dicho en el fondo. Como en el entorno está toda la información, no es necesario hablarse, sino que sólo se debe “estar”. Eso a mí me cautivó profundamente.
-En esta obra no hay diálogo por parte de los protagonistas, sino que la comunicación se basa en movimientos y gestos ¿Hay un trabaja físico importante ahí?
- La mayoría de nosotros viene de la escuela de La Mancha, y ésta es catalogada por cultivar un teatro físico, pero creo que acá hay más que eso. Acá, me atrevo a decir, hay un lenguaje no verbal puesto en escena más que un teatro físico. Ahora, igual utilicé recursos del teatro físico, como la composición del espacio con el cuerpo, la creación de ambientes y atmósferas. Tiene algo de eso, pero creo que mi búsqueda principal fue el lenguaje no verbal.

-Y ese descubrimiento se potenció en la escuela o en tus obras?
- Es personal, no sé. Es como esas cosas que aparecen, que uno las atrae. Me llama mucho la atención el silencio, eso viene de la escuela. Me gusta lo que se pueda comunicar a través del cuerpo. El lenguaje no verbal es otra búsqueda dentro del universo de infinitas posibilidades que te da el cuerpo, lo descubrí cuando me acerqué al cine como directora de actores en cine, porque la forma de tratarlos es distinta. Lo que uno les pide es distinto, un aplica otro tipo de lenguaje, el no verbal y no tanto el gesto. No así en el teatro que es más expresivo y se requiere de los gestos.
-En “Casa Vacía” ¿qué elementos potenciaste?
-En la obra no se escucha ningún texto, sólo las grabaciones que deja la grabadora telefónica de las casas vacías, que es para contextualizar el lugar donde estamos porque es difícil contar una historia en silencio. Es una complicación y creo que, en ese sentido, las grabaciones daban el contexto del espacio. La historia de la obra es la misma que la de la película, y lo bonito es que me di cuenta que es una historia de amor súper convencional. En otras palabras, es un espacio común. Es la misma historia de amor que nos cuentan cuando nacimos: el y ella que no pueden estar juntos, el malo que se mete entremedio, los obstáculos que viven los dos y que al final igual logran estar juntos. Lo especial es que mirado desde un punto de vista asiático, coreano, tiene toda una onda Zen esto del silencio. O la espiritualidad del personaje principal, que al final igual logra convivir con la pareja, y se quedan los tres. Eso es lo asiático. Bueno, la historia es bien violenta también, los personajes que hablan, como el policía, el marido de la protagonista, todos son violentos y hablan, conversan y no logran comunicarse más allá, eso se contrapone con los otros personajes que son súper Zen y eso también lo traje al teatro. No hablan los intérpretes violentos, pero si demuestran la violencia.

-Para el elenco que convocaste ¿qué les pareció realizar este montaje? ¿Habían hecho antes algo así?
- Como te contaba, siempre el soporte de nuestras obras es el cuerpo. Ahora, nunca habíamos hecho algo así. Nuestra compañía es experimental, entonces los actores que han participado en otros montajes de nosotros están acostumbrados a que siempre nuestras obras sean una apuesta distinta, que propone cosas. El montaje anterior, que fue “Copello, fragmentos de una biografía en movimiento”, fue un documental teatral que hicimos de un artista chileno poco reconocido, Francisco Copello. Allí contamos lo que es su vida y obra. Trajimos el lenguaje que él experimentó a nuestra obra, fue algo muy experimental, pero que resultó súper bueno. O sea, lo pasamos chancho  y esto (Casa Vacía) se asumió como un experimento y como todo experimento siempre hay un poco de temor. Lo bueno es que confiamos en nuestro trabajo, en nuestra búsqueda, nos lanzamos no más y de eso se trata. Ahora, ha sido variado el tipo de respuestas del público, ya que a algunos les cargó y a otros le encantó, porque si tú estas acostumbrado a ver entretención en la televisión, en la radio o en la calle -que está llena de estímulos-, esta obra pasa a ser muy fome. Fíjate, si tú buscas y te entregas a este silencio, a la contemplación de los pequeños gestos y miradas, ésta es una obra que se puede disfrutar muchísimo, porque es súper delicada en ese sentido. El montaje es de atmósfera, es de silenciarte. A mí me da risa algo, muchas veces estoy mirando a los espectadores y están con la mano en la boca, reiteradas veces los encuentro así, se silencian. Es tan silencioso que, en ocasiones, las personas se tienden a desesperar, pero hay otras que lo agradecen y yo lo apreció mucho también.
-En ese sentido tu trabajo tiene que ser muy detallista, porque si hay parte del público que no vio la película, le podría costar apreciar la pieza.
- Sí, como bien dicen algunos, es un poco complicado entender las cosas si no has visto nada gestual. Las puertas, en la obra, son personificadas por los cuerpos de los intérpretes quienes cambian de plano en ocasiones y te puedes perder, pero si pones atención y tienes experiencias escénicas anteriores, alcanzas a entender perfectamente. La escena de los protagonistas también se entiende. La emoción, las sensaciones, la atmósfera, la relación de los personajes es clara. Estoy de acuerdo cuando dicen “pero por qué puso esos papeles” o “por qué pegaba papeles en los cuerpos”, y claro, si tú ves la película, el protagonista lo hacía para comprobar si alguien las habitaba, etc. Y la gente que ve la obra siempre se lo pregunta. Y bueno, qué importa. Mi objetivo no es que se entienda, si ves la película efectivamente la puedes disfrutar mejor.

Ver original aquí.

18/12/11

Crítica Luisa Ballentine


Casa vacía es pura belleza. Es un montaje hermoso de principio a fin. No tiene desperdicio, es una sinfonía perfecta que, lamentablemente, las palabras no alcanzan a abarcar al momento de describirla.

Casa vacía no tiene texto y es un hecho que puede asustar a muchos. Ir a ver una obra donde los personajes no hablan, definitivamente es algo, al menos, extraño. Incluso es extraño llamarla obra, montaje, espectáculo… Acaso sea un suceso silencioso en la ciudad.

Y sin duda un suceso que es hermoso no sólo por la propuesta, sino también por el trabajo de comunicación que logra. En una sociedad hiperconectada y estúpida como la nuestra, ser capaz de transmitir una idea a través de códigos que no son verbales (corporales, musicales, espaciales, emocionales) es una proeza. Y que alguien lo mire y piense “sí”, aunque no sea capaz de definir qué significa ese “sí”, es un milagro en sí mismo.

Un milagro del arte, de la compañía, del equipo de trabajo que conforma Teatro Híbrido.
Siendo más concreta, puedo decir que Casa vacía me dio vuelta la cabeza de un cachetazo, porque no es necesaria la comprensión cognitiva. El cerebro se va de paseo un rato. Esto un golpe emotivo. Es un algo que pasa y ante lo que uno sonríe sin ser capaz de explicarlo. Y no es común que suceda algo así.

La dirección de Camila Aguirre es limpia, impecable, amorosa. Nada está dejado al azar. La coordinación del elenco es milimétrica y fluida. Es un río. Hay demasiado amor en Casa vacía. Parece que el museo fuera a explotar.

Hay demasiado amor en todo lo que está en juego: en escena, en bambalinas, en la apuesta de la compañía, en el equipo, en la hibridez.
Los amo.

Soloteatro.cl
Bitácora teatral